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Ómnibus, mi tercera casa

09 Jun

El mundo ideal habla de ocho horas para trabajar, para descansar y para el ocio. ¿Y entre ellas?

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Leonel García

A Stephanie Alfaro (21) le hablan de la perfecta división de ocho horas para trabajar, ocho para descansar y ocho para el ocio, y se ríe. En su mundo tienen que entrar con fórceps entre cinco y siete horas diarias solo para viajar. Vive en la ruta 9, en una zona rural de Maldonado, a 154 kilómetros de Montevideo y a 54 de Rocha. En la primera ciudad estudia cuarto año de Derecho y en la segunda trabaja lunes, miércoles y viernes en un estudio jurídico. Su jornada incluye despertarse a las 3:30, pasar viajando de cinco a siete horas al día, que su bolso sea un ropero portátil por si a la temperatura se le da por jugar sucio y que los choferes de Rutas del Sol le digan que pasa más tiempo que ellos arriba de un ómnibus. “Me encanta lo que hago y querer llegar a una meta hace que valga la pena el sacrificio. Además, preciso trabajar para mantener mi independencia. Mientras el cuerpo aguante…”. Amante de lo que hace o adicta a la carretera, los fines de semana se sube a otro bus para visitar a su novio, que vive en San Carlos. Al menos, esta ciudad está solo a quince kilómetros.

Stephanie es un caso, podría decirse, extremo; pero no está sola en esto de hacer de un ómnibus casi un tercer hogar, o al menos la continuación de sus dormitorios, oficinas o salas de estar, siempre y cuando se tenga la suerte de ir sentado durante dos, tres o más horas por día.

Catarsis del redactor I: Si te tomás el 709 de mañana a Montevideo, te parece que todo el mundo se vino a vivir a Salinas. ¡No saliste de la ciudad y ya no hay asiento! Nadie me cree -y la verdad es que fastidia- que demores una hora y media para hacer menos de 40 kilómetros. Para tolerarlo hay que llevarse libros, revistas, mp4. ¡El bondi es mi living! Total, al de casa ni lo uso…

La terminal de Río Branco une Montevideo con su zona metropolitana. Los servicios suburbanos que de ahí parten vendieron el año pasado 73,1 millones de boletos. Según datos de la Dirección Nacional de Transporte (DNT), uno de cada once correspondían a distancias superiores a 32 kilómetros; uno de cada 23, a trayectos de más de 40. Esto se traduce en viajes de, aproximadamente, una hora o 90 minutos, respectivamente. Javier Cardoso, gerente general de Copsa, dice que la velocidad promedio del transporte metropolitano ronda los 30 kilómetros por hora, gracias al volumen del tránsito, los semáforos, la demanda y el estado de las rutas y calles.

Así, Karina Chiesa (33), profesora de Historia, utiliza tres horas y dos ómnibus, combinación mediante, para hacer los ochenta kilómetros que unen el poco utilizado recorrido entre Canelón Chico, Canelones, y Cardal, Florida. Escucha radio hasta que pierde la sintonía y luego duerme, con cuidado de no pasarse y terminar en el medio de la nada. Alberto Burguez (22), funcionario judicial y estudiante de Derecho, debe dedicarle por día tres horas y media a sus desplazamientos entre Montevideo a Santa Rosa, aunque estén a apenas 50 kilómetros de distancia. “El principal perjuicio es el tiempo. Yo duermo, es un tiempo que no podés dedicar a otra cosa, ¡son horas muertas!”, dice este último. “Yo tengo un solo coche, un UCOT, y entra por Belloni, por un lugar que ni acceso se puede llamar. Eso también te demora”, agrega.

 

Andrés Rivero (33), músico, educador en proyectos sociales y vecino de Las Toscas, quien necesita casi cuatro horas para ir y volver 47 kilómetros, conoce bien una de las delicias de este modo de vida: la necesidad de una agenda muy organizada de antemano porque cualquier actividad social repentina está casi vedada. “Te dicen de salir a tomar algo y tenés que calcular que hasta la una tenés algún ómnibus. ¡Te afecta la vida social, te terminás volviendo medio bicho!”, se ríe.

Catarsis del redactor II: ¿Hola?… ¿Eh, qué pasó?…. Bueno, fijate… Estoy a 40 kilómetros, desde acá no puedo… ¿Qué querés que haga?… ¿Holá…? Pah, me cortó // Se largó a llover, la rep… // Ahora hay un sol que raja las piedras, ¿y qué hago ahora con el paraguas? // ¿Fútbol, hoy? ¡Si me avisás hoy es porque no querés que vaya, papá! // ¿A tomar algo? Bueno, pero hasta la una… Sí, Cenicienta, ja…

Imprevistos

La periodista Verónica Amorelli (33), presentadora del noticiero de VTV, toma las tres horas diarias que transcurre arriba de un ómnibus como un tiempo para ella. “Si bien vos tenés la sensación de que tu día es más corto que el de los demás, en esta vida de locos es un tiempo para uno. Se aprovecha leyendo, navegando por Internet con el celular, escuchando las radios. Yo doy clases en el IPEP y aprovecho a corregir. Ves las reacciones de la gente, sos un poco sociólogo”. El vaso medio lleno, claro está, se ve mejor si se consigue asiento. Ella, que vive en el kilómetro 38 de ruta 6, cerca de Sauce, no siempre tiene esa suerte. “Por suerte, nos conocemos todos. Entonces vale hacerle `la guardia` a quien sabemos que se baja antes”. Es una rara avis; la gran mayoría prefiere dormir.

Catarsis del redactor III: ¿Viste la trilogía Millennium? Son tres libros enormes y me los leí en dos semanas. Eso es bárbaro. Eso sí: un día te olvidás los auriculares para la radio y te querés matar. Y la vez que me dormí me despertó un sereno a los gritos en la terminal de Parque del Plata. Era después de medianoche y no había servicio hasta dentro de dos horas. ¿Volver caminando? Vos no conocés la costa de Canelones, ¿verdad?

En todo caso, dormir en un ómnibus sería un descanso que, de acuerdo con el médico Fernando Tomasina, catedrático en Salud Ocupacional, muy poco tiene de reparador. El tiempo de estos viajes, dice, configuran un período que acaba sumándose al dedicado a las obligaciones (ver aparte). De hecho, este trayecto no es sino una obligación más. “Los tiempos de viaje prolongados a diario no son ideales: se desbalancea la dedicación entre lo personal y lo laboral. Aunque suene feo decir, altera el equilibro entre la vida y el trabajo”, agrega por su lado el psicólogo Neker de la Llana, gerente de servicios profesionales de Manpower. Si el día ideal se divide en 8 horas para trabajar, 8 para descansar y 8 para el ocio, no hace falta decir cuál de esos tercios es el único intocable.

Todo estos pasajeros han sabido lo traicionero que suele ser el clima, de bolsos que son minimudanzas diarias por previsión, de presupuestos en boletos siempre de cuatro cifras y de complejas logísticas que requiere un cambio de planes en el trabajo. “Una vez tuve que sustituir a alguien a las siete de la mañana y tuve que mandar a buscar una persona en un taxi a las tres para que se quede a cuidar a mi nena”, dice Verónica.

Todos ellos también han sabido lo deliciosamente frecuente que son las roturas de los ómnibus, lo que redunda en una inevitable llegada tarde; y todos han tenido una experiencia cuasi felliniana sobre ruedas. Karen recuerda el revuelo que causó la entrada de un murciélago en el coche. Un pasajero insistía en apoyarse en Alberto para tomar mate, lo que casi se zanjó a piñazo limpio. Stephanie cuenta una venida particularmente escatológica que incluyó un baño fétidamente inutilizable, un niño con problemas estomacales gracias a la insistencia de sus padres en hacerlo desayunar chizitos y una calefacción funcionando fuerte y mal.

Catarsis del redactor IV: ¿Te acordás de la disco Keops, en Marindia? Una noche tocaban ahí Los Pibes Chorros, los de cumbia villera. De viaje para allá, llegó a haber fácil 120 tipos arriba del ómnibus, chupando, fumando, bardeando… De pronto, dos se agarran a las piñas en el pasillo y se arma terrible trifulca. ¡Y vos ahí, evitando las trompadas, tipo en el ring-side! La barra brava de Peñarol, unos lores ingleses, mirá…

“Así vivimos, así viajamos, así somos”, concluye Verónica Amorelli. Eso puede ser inquietante. Una vez, se le rompió el ómnibus a la ida y debió tomar dos a la vuelta. “En la perimetral de Belloni, una muchacha se desmayó. El ómnibus se paró. Un borracho comenzó a plantearse una duda existencial: `¿Qué pasa si se muere esta mujer? Nos va a complicar a todos`. Aparece un médico de la nada y se llama a la ambulancia, que demora un siglo en venir. La gente se acumulaba. Los pasajeros se bajaban y le pedían permiso a los vecinos para usarles el baño. ¡También hubo romance! Unos limpiavidrios comenzaron a hacerle `corazoncito` a una rubia que no había bajado y seguía en la ventana. El borracho seguía preguntando qué pasaba si la mujer se moría. Algunos que me reconocieron pedían que mandara las cámaras del canal”. No sabe en qué terminó la discusión: se tomó el siguiente ómnibus a su casa, donde llegó una hora más tarde.

Yo elijo

Más allá del sacrificio y la eventualidad bastante periódica de los contratiempos, la costumbre puede más. Alberto no quiere mudarse: “Yo prefiero viajar, si laburás y estudiás en Montevideo, como a mí me pasa, es mucho más fácil, porque si hacés una cosa allá y otra acá se complica. Santa Rosa, hoy por hoy es, como tantas, una ciudad dormitorio”. Andrés se queja de las demoras y reclama que mejore el servicio, pero también dice que el descanso que permite Las Toscas compensa todo. Stephanie, increíblemente, todavía logra hacerse tiempo para ir cada tanto a la pista de San Carlos donde entrena para la San Fernando. Karina pensó una vez en mudarse y de hecho vivió un tiempo en Florida, pero por ahora desechó la idea ya que también da clases en Las Piedras, además de asistir a un curso en Montevideo, en el Claeh; sí, más ómnibus.

Catarsis del redactor V: Sí, descansás mejor acá. Luego de ocho años, Montevideo me parece el solo de batería de Keith Moon. ¿Usar el auto? Claaaaaro, ¿sabés que no lo pensé? Estacionamiento, peaje, 37 pesos el litro de súper… dale, pasame el librito de horarios que perdí el bondi…

“Si bien no es una situación óptima, también puede darse cierto trade off entre lo que yo brindo y lo que recibo, y no tiene por qué estar relacionado con el dinero, y sí hace tolerable estos trayectos”, señala De la Llana. La docencia, la satisfacción de enseñar a otros, es un caso típico.

En las antípodas de Montevideo, Celia Álvarez (48) se levanta a las 4:40 de la mañana en Rivera. A 132 kilómetros de ahí, la esperan 333 chicos de la escuela 24 de Vichadero. No le resulta cómodo preparar las clases en el ómnibus; en casa es mejor. Si tiene que llevar ropa de más lo hace, sacarse algo si apreta el sol siempre será menos problema. “Me ayuda que nunca me levanté pensando que era una carga. Siempre tengo la convicción que el día va a rendir, y rinde. Creo que es el espíritu docente, que le dicen”. Ya hace tiempo que las 5 horas diarias a bordo de un Boreal o un Núñez casi no la molestan.

“La larga distancia le suma horas al tiempo de trabajo”

“Un viaje de larga distancia le suma horas al tiempo dedicado al trabajo. También le suma a la fatiga”, dice el doctor Fernando Tomasina, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República y docente grado 5 en Salud Ocupacional. “Un largo traslado consume espacios para el bienestar, como el buen descanso o el ocio”.

Un estudio de la Universidad de Washington, Estados Unidos, reveló que quienes viajan 16 kilómetros o más para ir a trabajar (ir del centro de Montevideo a La Paz) aumentan el riesgo de tener presión alta, y aquellos que se desplazan más de 24 kilómetros (Montevideo-Las Piedras), tienden a engordar. “El sobrepeso y el trastorno de sueño tienen que ver con la falta de descanso adecuado y la mala alimentación. Trabajando lejos de casa no siempre se puede seguir una alimentación adecuada. Y en tránsito, el sueño que podés tener es banal, superficial y no reparativo”. Eso, claro, si viaja sentado. Estos tramos son más saludables si se está cómodo, bien ventilado y, de no dormir, distendiéndose “ya sea escuchando música o leyendo por placer, sin relación con el trabajo o estudio”. Traducción: no sumar más obligaciones.

“¿ZONAMERICA TE PARECE LEJOS?”

Geografía mediante, lo que en Uruguay se considera lejos no se percibe así, en absoluto, en otros mercados. “Los extranjeros que vienen aquí no entienden cómo una persona media considera que viajar 45 minutos o una hora a su lugar de trabajo es un exceso, o que diga que un lugar como Zonamérica, a 17 kilómetros del Centro, está muy lejos”, dice Neker de la Llana, psicólogo especializado en recursos humanos.

El médico Fernando Tomasina, catedrático de Salud Ocupacional, matiza: “Allá habrá distancias similares pero tiempos de traslados mucho menores. Hay mejores servicios metropolitanos, trenes y subterráneos”.

CUANDO VIVIR LEJOS INCIDE MÁS O MENOS

A niveles operativos, la distancia casa-trabajo hace a la estabilidad laboral. “En una fábrica, al empleador le interesa nutrirse de operarios que vivan cerca”, dice Neker de la Llana, psicólogo especializado en recursos humanos y gerente de Servicios Profesionales en la consultora Manpower. “No en vano se establecen cerca de los centros poblados”.

De acuerdo con él, a la hora de contratar a alguien, o que el empleado se interese, las distancias también influyen en trabajos menos remunerados, en los que hay que invertir más tiempo y dinero para marcar tarjeta. “Pero si el puesto requiere una fuerte especialización y está muy bien remunerado, el factor distancia queda en segundo plano”.

RAPIDEZ SUBURBANA

Viajar a 30 km/h

No es lo mismo viajar en horas “pico” (7:00-8:30, 17:00-18:30, más uno no tan elevado al mediodía) que en los “valles”. Los ómnibus, renovados en un 50% desde 2006, deben lidiar con un parque automotor que creció un 50,8% en diez años. La demanda de pasaje y el estado de las carreteras también juegan: no es lo mismo los accesos de rutas 1 y 5, que Avenida Italia para la Interbalnearia o Instrucciones para la 6. Todo eso influye para determinar la velocidad de un viaje, señala Felipe Martín, director nacional de Transporte.

“Los tiempos van de la mano de la infraestructura para desplazarse, del tránsito, los semáforos y el ascenso o descenso de pasajeros. Para aumentar la velocidad comercial, que no quiere decir ir más rápido, lo que se busca es eliminar obstáculos”, señala el titular de la Dirección Nacional de Transporte (DNT). En ese sentido hay medidas como el carril Solo Bus y el (muy criticado) Corredor Garzón. De cualquier forma, Montevideo es un embudo: más lejos de la capital, más fluidez.

Javier Cardoso, gerente general de Copsa -empresa que tiene 47% el mercado suburbano, y de la cual 24% de sus servicios son recorridos que superan los 90 minutos de duración- señala que la realidad hace que la velocidad promedio no pueda superar los 30 kilómetros por hora. “Los caminos no son los mejores. Hay calles en Ciudad de la Costa, en Suárez, que están a la miseria. Eso te afecta la suspensión, el diferencial, la caja de cambios…”.

LAS CIFRAS

8,84%

Porcentaje de boletos para distancias mayores a 32 kilómetros en servicios que parten de la terminal de Río Branco en 2012. El total de boletos vendidos fue 73,1 millones (Fuente: DNT).

17,1%

Porcentaje de boletos vendidos en servicios que parten de Río Branco pagados mediante los distintos tipos de abonos en 2012, lo que habla de usuarios frecuentes (Fuente: DNT).

75%

Porcentaje de usuarios de la terminal de Río Branco que viaja por motivos laborales, según una encuesta realizada en octubre de 2011. El 11% lo hace por estudios.

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Publicado por en 9 junio, 2013 en Comisión Prensa y Propaganda, Difusion, Informacion de interes, Opiniones, Salud, Salud Laboral

 

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