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EL TIEMPO ME ENSEÑÓ

06 Sep

Julio Sosa, mito viviente de la cultura popular, conocido como Kanela, dedicó su vida a intentar ser feliz. Bailarín único, mágico, que acarició calles y tablados, en un viaje de vida que lo llevó de Nico Pérez a Nueva York, pasando por rincones y escenarios que no olvidarán jamás al eterno rebelde de la sonrisa cómplice. A punto de celebrar sus 85 años de vida, este ciudadano ilustre de la ciudad que lo quiere y adoptó como uno de los suyos, conversó con el Portal del PIT-CNT de su carrera, de la vida, la felicidad, el dolor y la discriminación. Entre tambores, recuerdos, cariño y tareas que no sabe delegar, Kanela repasó los buenos momentos y los otros. “Tuve que recibir las patadas y comer las sobras que me tiró la digna sociedad por ser homosexual” recordó. Pero también le da gracias a la vida. “Siento el cariño de la gente, hoy me quieren y eso lo agradezco”.

Kanela tuvo una vida con pinceladas de realismo mágico y mucho de cruda realidad. “Con todo lo que tengo encima, las dos vistas operadas, una operación al corazón, un poco de problemas en las piernas, vamos, acá estoy peleándola. No me quejo demasiado. De lo que sí me quejo cuando no se hacen las cosas bien”. Julio repite una y otra vez que votó al actual gobierno y se siente con el derecho y hasta la obligación de señalar cuando entiende que algo no anda del todo bien. Pero de todos modos, comprende que estamos viviendo tiempos donde la sociedad cambia de manera muy rápida y señala que la inmediatez “es una mala costumbre que tenemos los uruguayos, desde que nacemos queremos todo ya” reconoce.

En relación a los jóvenes, a las nuevas generaciones, Kanela está convencido que es fundamental el rol que cada familia desempeña para formar mejores personas. “Creo que es muy importante lo que les digan sus padres, lo que les van enseñando en sus casas, recordar cómo los educaron a ellos y hacerles saber que muchos -como es mi caso- nacimos sin nada, en el medio del campo, no conocíamos caprichos, porque por más que tuviéramos caprichos había que ir a laburar. Lo que hay que enseñarles primero es que hay que ir a estudiar, hay que ir a trabajar y ganársela todo por sí, por la de ellos. Lamentablemente siempre les echamos la culpa a los gobiernos, pero todo nace dentro de la casa. Esto es una casa grande y la estoy conduciendo, si yo no conduzco a esta gente que está acá se me deforma todo, después de que se vayan de acá es un problema de ellos.

Yo cuando me fui del campo llegué a la ciudad con la enseñanza que aprendí de mis pobres padres; voy a aplicar la correctiva de ser una persona honesta, lo demás no importa. Lo que hayas sido, lo que quieras ser, pero ser honesto. Tener códigos” sostuvo. Analizando la sociedad actual, Kanela reflexionó que si bien todos somos responsables de los problemas del presente, hay que mirar bien lo que hacen aquellos que tienen responsabilidades de gobierno. “Tenemos que razonar un poco. Acá hay muchachos que se drogan, incluso con la pasta base, muchachos que están durmiendo en las calles porque los padres terminan echando a esos hijos porque no los aguantan más porque los hijos le chorean en sus propias casas. Tenemos cientos que salen de las cárceles o expulsados de sus casas que están durmiendo en colchones en la calle tapados con diarios. La parte que más me duele es cuando se pone un director a gobernar un instituto sin enteder nada, que no sabe porque nunca se drogó, nunca se pinchó, o a los que nunca tocaron un tambor en su vida y los ponen de jurados. Si nunca te pintaste la cara ni te colgaste un tambor ¿cómo podés ser jurado? Es por eso que creo que en muchos de estos casos tiene que haber gente de experiencia, para salir en busca de recuperar esta gente. Son todos recuperables. Yo creo que sí porque he recuperado amigos y porque yo también me he drogado y busqué el camino de la recuperación”. Empero, Kanela remarcó la importancia de la idoneidad y la sensibilidad de quien anda por las calles y no desde aquel que pretende actuar desde las alturas de su propio despacho, para abordar la tarea de recuperar a aquellos jóvenes que están a la deriva de sus vidas. “Hay que tratar de sacarlos de las calles, pasan los directores, las autoridades y los ven ahí tirados como perros y nadie le da bola. No voy a acusar a todos, pero hay mucha insensibilidad, me dan mucha bronca los que salen de noche a hacerse ver en la televisión con una ollita de guiso. Esos que se bajan de un auto, he visto hasta algunos chantas pai de santo dándoles de comer a alguno y después currando por otro lado. Son cosas que a mi me molestan muchísimo. Es hipocresía y discriminación solapada totalmente porque son los primeros discriminadores”. Sin embargo, más allá de las críticas también valoró “muchísimo” algunas iniciativas y gestiones provenientes del Estado y del gobierno. “Elogio lo que está haciendo la ministra (Marina) Arismendi con Ana Olivera, ellas hacen mucho; necesitamos gente capacitada para ello en las calles, pero no ir de noche a taparlos con una frazada, llevar una ollita de guiso en una cosita de plástico, con una cucharita de plástico y a darles de comer con una cámara”.

El infierno

La relación de los jóvenes y las drogas es uno de los aspectos que más le preocupa a Kanela, acaso como reminiscencia de su propia historia de dolor. “Hoy el que está en la cómoda es aquel que le da a la blanca, a la cocaína. Yo estuve cómodo y le daba a la cocaína. Pero cuando no me dio, ¿a dónde iba a ir? ¿a la pasta base? Y después de la pasta base ¿qué viene? ¿el cemento? Por eso creo que tenemos que ir buscando la solución. Yo tuve la suerte y la voluntad de decir hasta acá, pero si hubiera entrado en la pasta base no sé lo que me habría pasado” reconoció. Empero, remarcó que una de las claves pasa por designar a gente idónea “y que haya vivido” como para poder entender de qué se trata. “Tenemos que buscar gente que la sufrió, gente que supo dormir en el suelo, gente que tuvo que estar campaneando la vida para ver cómo vivimos y no tecnócratas. Así lo veo, pero soy sincero y lo digo cómo lo siento”.

Hipocresía y más

Kanela también se refirió a la mirada de la sociedad sobre “los pichis” que viven en la calle y la consideración de aquellos que sostienen que “afean” la ciudad. “Acaso podría entender a aquellos que pagan sus impuestos y no quieren gente tirada en sus casas, tal vez para preservar a sus propios hijos, pero lo que no puede como sociedad es que salgamos de nuestra casa, les tiremos una frazada y les digamos, andá a morirte más allá, eso no puede ser. Somos seres humanos que estamos perdiendo la humanidad. Estamos perdiendo los códigos de respetar al ser humano, a pensar que tiene los mismos sentimientos y el mismo dolor que tenemos nosotros, el que está arriba se olvida del que está abajo. Es muy fácil para el que está arriba olvidarse del que está abajo, y cuando da una moneda o ayuda en algo, quiere cerca una cámara, o se reúnen tomando champagne, diciendo que mañana van a arreglar a los pobres. Esa gente que está tirada en la calle es gente como yo, como vos, todos somos esa gente. Ahí está el flaco mirando desde allá arriba, porque el flaco nos hizo a todos iguales. Ahora que voy a cumplir 85 años me gustaría antes de irme, ver un pedazo de gente que salga a la calle y decir vamos a actuar de corazón, saquen las cámaras, venimos a ayudar a esta gente, así de simple y sin cámaras. El Estado tiene cómo para darle de comer a la gente, para eso todos pagamos los impuestos”.

La discriminación y los abusos

“Soy un agradecido porque el flaco siempre me dio la oportunidad de lucharla, la luché nunca me vino nada de arriba, nunca nadie me regaló nada. Pero tuve que yugarle, tuve que recibir las patadas y comer las sobras que me tiró la digna sociedad porque soy homosexual. Ahora cualquiera es homosexual (risas), ahora todos salen del closet, políticos, curas, todos, incluso hasta tengo miedo que me lleven a un psiquiatra porque el Papa Francisco nos quiere mandar a todos los homosexuales al psiquiatra. ¿Y él qué hace con todos los bufarrones que tiene atrás? ¿Con los millones de curas que le han estropeado la vida y destruido a niños? Los homosexuales no destruyen niños ¡los bufarrones son los curas, carajo! Y lo digo desde mi propia vida, yo me acosté con un cura ¡teniendo 16 años, carajo! Así que Papa (Francisco) querido, tenés que ser un porteño muy malo para decir algunas cosas”.

Gracias a la vida

“Siento el cariño de la gente, claro que sí. Y si buscas que te quieran, no pierdas los códigos. Porque si la gente te quiere es porque vos los querés y ellos también. Si busqué ese amor fue por mi trabajo, por mi honestidad, por ser siempre cuidadoso y celoso de mis amigos. Y no pensar solo en mi.

Yo le agradezco a la vida porque también sé como soy, atrevido, insolente, no he callado jamás y eso es lo importante. No callarse cuando uno dice la verdad, que te maten a palos mientras digas la verdad, pero si estás mintiendo, que te deshagan”.

El mito

Consultado sobre cómo cree que la gente lo recordará cuando ya no esté entre nosotros, Kanela apeló una vez más, a la ironía y el humor. “El otro día iba caminando por la calle Sarandí y vi una baldosa que pusieron allí que tiene mi nombre. Estaba parado mirando eso y vino un perro y la meó (risas). Así hay que tomarse la vida, mirá, no sé cómo, pero sí sé que me van a recordar hasta los perros (risas). Todo esto tiene su costo, el tiempo pasa, las generaciones te recuerdan hasta allí, pero luego también uno pasa al olvido. Vos me decís que soy un mito, pero creo que me alcanza con que me recuerden por lo que he sido. Y creo que eso ya es bastante”.

 
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Publicado por en 6 septiembre, 2018 en Comisión Prensa y Propaganda

 

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