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QUERIDO FELIPE

19 Abr

QUERIDO FELIPE

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad, siento más corazones
que arenas en mi pecho dan espuma a mis venas;
y entro en los hospitales, y entro en los algodones,
como en las azucenas.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada,
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñaran aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida;
porque soy como el árbol talado que retoño:
aún tengo la vida.

PARA LA LIBERTAD

Miguel Hernández, cantado por Joan Manuel Serrat

Corrían los primeros años de la reconquistada nueva democracia, y en ese entonces, 1985 o 1986, dos sindicalistas benjamines y atolondrados, afortunados herederos de los riesgos y sustos que pasaron otros compañeros, años antes, se dirigían entusiastas por la calle José Enrique Rodó de Montevideo, hacia el local de Acción Sindical Uruguaya (ASU).

Pertenecían a la Asociación de Obreros de Talleres y Almacenes de Vialidad (AOTAV) de la zona de Colón que había sido fundada en 1984, el año que asesinaron al médico Vladimir Roslik. Muchos compañeros anteriores habían pasado por tan feas cosas, hacía tan poco, que era hasta casi una inconciencia andar por la calle con tanta felicidad.

Es que eran unos jóvenes brutos e inconscientes, cazados a boleadora, a los que los compañeros les habían encargado armar un “proyecto de estatuto”. Y estos jovencitos, henchidos de orgullo por la tamaña empresa que les habían encomendado, comenzaron a destripar estatutos viejísimos de las antiguas Asociaciones Viales uruguayas de los años 60 que habían encontrado por ahí y algunos otros que encontraban en las bibliotecas (no había Internet). Era un grosero recorta y pegue con gravísimas contradicciones y hasta inclusiones de algunas cláusulas un poco reaccionarias que los viejos Sindicatos (porque otros eran los tiempos) gustaban de poner.

Pero era “su estatuto.” Habían trabajado duro. Tenían derecho a estar ufanos. Y había una cosa más. A quien iban a someter a escrutinio dicho “proyecto de estatuto” era nada más ni nada menos que al hijo de un viejo político uruguayo asesinado en Buenos Aires en 1976.

Habían conseguido que un joven Procurador, de quizá veintitrés o veinticuatro años, los recibiera en la Acción Sindical Uruguaya, donde atendía en forma solidaria y militante, asesorando gratuitamente  a sindicatos y sociedades civiles.

Así que ahora iban a presentarle orgullosamente el adefesio pensando que estaba muy bien hecho y que iban a recibir innumerables elogios.

Aquel joven Procurador, llamado Felipe Michelini, se tomó un tiempito en hojear respetuosamente sus burradas, luego levantó la cabeza, los miró con un silencio piadoso, les sonrió limpiamente y les dijo: “Muchachos, no está mal. De cualquier manera, más importante que tener un estatuto, es que permanezcan unidos. La herramienta sindical es lo más importante de todo, las palabras escritas tienen un valor relativo, son letras muertas en un papel. Lo que importa es el organismo vivo.”

¡No habló ni una sola palabra de todas las burradas que aquel mamotreto contenía!

Esto, palabra más, palabra menos, dijo Felipe Michelini, hace más o menos 35 años. Con que lozanía resuenan hoy, 19 de abril de 2020. Porque, según dijo él: ¿De qué importa todo lo escrito si no lo podemos trasladar a la realidad viva?

Los sindicalistas tenemos el privilegio de llegar a conocer a muchos políticos de todos los Partidos Políticos. En cada uno de esos encuentros se aprende algo, siempre se aprende algo de los grandes hombres y mujeres, o hasta de los que no lo son tanto. Quedan frases, métodos de trabajo, sistemas, reflexiones. De todos ellos se puede tomar algo bueno para mejorar la performance.

Ha pasado mucho tiempo desde aquel viejo momento. No desarrollaremos la trayectoria de Felipe desde esas lejanas épocas de reverdecer democrático, hasta sus actuaciones respecto del último de los desaparecidos encontrados, porque todo ello es ampliamente conocido. Así como su contracción a la defensa de los derechos humanos, al sistema de garantías, el amor a la democracia y a la libertad.

Tampoco relataremos todos los acontecimientos nacionales y mundiales que en esos 35 años nos han sacudido hasta este momento de especial confinamiento.

Sí queríamos recordar hoy, ese lejano encuentro de dos de nuestros compañeros, con el hijo de una familia golpeada por el infortunio, la desgracia y la persecución, pero que sigue brindando su savia en forma generosa como dicen los mágicos versos de Miguel Hernández cantado por Serrat.

Y lo seguirá haciendo, seguramente, desde la memoria, y quizá más rápida y profundamente aún que si estuviera vivo. Felipe nos ha dejado la enseñanza de no claudicar jamás, por peor que las cosas anden.

Ojalá tuviéramos más seres humanos hechos de la misma argamasa. Ojalá nosotros mismos pudiéramos estar hecho de tanto coraje, mesura, estoicismo, como lo fue Felipe desde su más tierna edad, cuando debió sufrir el cruel asesinato de su padre, mientras otros estábamos, ignorantes de la realidad, jugando tranquilamente a la pelota en una plaza.

Nuestras generaciones no saben aún cuántos hombres y mujeres podrán exhibir con orgullo a las generaciones por venir. Serán muchos o pocos.

Pero seguro que Felipe es uno de ellos.

COMISIÓN DIRECTIVA DE LA ASOCIACIÓN DE FUNCIONARIOS DE SECRETARÍA DEL MTOP

Montevideo, 19 de abril de 2020

 
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Publicado por en 19 abril, 2020 en Comisión Prensa y Propaganda

 

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