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Nosotros, la clase trabajadora


1. ¿Qué son las clases sociales? 
2. ¿Qué es la conciencia de clase? 
3. ¿Por qué la clase trabajadora debe organizarse?

1. ¿Qué son las clases sociales?

Los trabajadores pertenecemos a la clase trabajadora por el sólo hecho de ser trabajadores y somos todos iguales. No hay trabajadores de primera o segunda clase, seamos operarios o de cuello y corbata, de planta o subcontratados. La clase trabajadora es una sola porque todos vivimos de la venta de nuestra fuerza de trabajo.Las clases sociales se diferencian por el lugar que ocupan en la producción de mercancías o servicios y por la parte que reciben de la riqueza que esta producción genera. En otras palabras, son ricos y pobres, los que son dueños de las empresas, de las industrias y de la plata y los que somos trabajadores, es decir los que vendemos nuestra fuerza de trabajo.Los burgueses viven del trabajo ajeno, o sea de nuestro trabajo, y se quedan con la mayor parte de la riqueza que producimos. Es cierto que trabajamos por un sueldo, pero producimos muchísimo más de lo que nos pagan. El patrón dedica tiempo y esfuerzo a inventar nuevas estrategias para ganar más plata a costa de nuestro trabajo.

Los trabajadores, recibimos tres pesos por nuestra pega, lo mínimo para seguir trabajando y que el burgués pueda seguir “acumulando” riqueza. Por ello, capitalistas y trabajadores tenemos intereses de clase diferentes e irreconciliables. No es lo mismo trabajar para vivir que hacer que otros trabajen para ser cada vez más rico. A ellos no les preocupa nuestras condiciones de vida y ni la de nuestras familias.
Por eso ocupamos lugares diferentes en la sociedad: distintos barrios, distintas escuelas para los hijos, distinta comida en la mesa, distinta ropa en el closet, clínica contra consultorio, el grifo de la esquina versus la playa con palmeras. En este país hasta los apellidos son distintos, porque los Ibáñez y los Luksic no son iguales a los Pérez o los Rojas. Injusto! Claro que sí. Aunque se trabajen 20 horas no logramos salir de la pobreza… si parece que viene de la cuna.
Esta lucha constante entre trabajadores y patrones es lo que se llama lucha de clases y hace rato que el cuento es más o menos así.
¡¡Los trabajadores pertenecemos a la clase trabajadora por el solo hecho de ser trabajadores!!
¡Y somos todos iguales!

2. ¿Qué es la conciencia de clase?

La conciencia de clase es la comprensión que tenemos los trabajadores de nosotros mismos, de nuestras necesidades como grupo social. Es la conciencia de que los patrones nos están robando y que ponerle el cascabel al gato depende de nosotros: ninguna conquista es gratis, tenemos que darles pelea.
Cuando nos damos cuenta que el patrón organiza el trabajo de una manera que nos perjudica en todos nuestros derechos, como comer, curarnos de nuestras enfermedades, educarnos bien, abrigarnos en invierno y tener un trabajo de calidad, entre otras cosas, llegamos a la conclusión de que para alcanzar la igualdad tenemos que organizarnos como clase y prepararnos para la lucha en conjunto… ¡Nunca más solos!
Los patrones están organizados. Ellos deciden cuánto pagarnos, cuánto tenemos que trabajar, nuestros horarios, etc. y nos condenan a mal vivir. Si nos pegamos la cachá de cuáles son nuestros intereses y cuáles son los del patrón va a ser más fácil ponerle el cascabel al gato. El patrón abusa porque, entre otras tantas ventajas, él sabe que nosotros estamos desunidos, sin conciencia y que muchas veces les compramos el cuento.
Nos creemos que nos hace un favor con darnos pega ¡Falso! Él necesita de nuestro trabajo. Que la empresa no tiene plata o que ganan poco ¡Falso! Se adueñan de gran parte de la riqueza. Que nos pagan lo mejor que pueden ¡Falso! Nos cogotean descaradamente. Que si hay un accidente es culpa nuestra o que no se puede trabajar en mejores condiciones ¡Falso! Son responsables de nuestra seguridad y salud en el trabajo. Puros cuentos para mantenernos quietos.
Tenemos que saber que sin nuestro trabajo no pueden producir y que si no se produce, se golpea el bolsillo del patrón. Cuando un patrón ve en peligro sus ganancias se asusta y el gran temor que nos tienen es que un día despertemos y les digamos ¡Se acabó la fiesta!
En resumen, la conciencia de clase nos permite ver dónde estamos parados. Permite la unidad y lucha de los trabajadores para terminar con el abuso de unos pocos flojos llenos de plata.

3. ¿Por qué la clase trabajadora debe organizarse?

La cosa se trata de luchar para que no nos sigan robando en la pega. De a uno no se puede pelear con el patrón, eso nunca ha resultado. Hay que organizarse para no seguir doblando el lomo por tres pesos para medio vivir, medio comer, medio dormir, medio tener familia, medio estudiar, medio todo. Tenemos que terminar con la delincuencia patronal que nos roba con tanta facilidad el fruto de nuestro trabajo.
Históricamente los trabajadores nos hemos organizado para pelear por nuestros derechos y mejorar nuestra calidad de vida. Jamás nadie nos ha regalado nada. Todo ha sido conquistado por medio de la lucha de hombres y mujeres.
El Estado, los gobiernos, las leyes, el dinero, el sistema de producción en general, están organizados para despojarnos, no para protegernos. Nosotros tenemos que inventar nuestras propias organizaciones para defendernos de toda esa máquina que nos tiene a medio vivir. Somos más, así que tenemos una fuerza desaprovechada. La desorganización sólo favorece al patrón.
En la pega, en la pobla, en el liceo, en la U, en la cancha y donde sea, tenemos que agruparnos para amarrarle las manos al burgués y sus instituciones, para que
no acumulen en sus bancos lo que nos roban a nosotros. Organizados podemos ir ganando espacios, derechos, subiendo los estándares laborales y así ir poniendo límites: ¡hasta aquí no más! (por ahora).
Es cierto que todos trabajamos por un sueldo, pero el patrón es de una clase que vive a costa del trabajo ajeno. El patrón no es igual a uno ni estamos en el mismo bando, ni estamos en el mismo barco, ni somos una familia. No es verdad que hay que remar para el mismo lado, ni que si a ellos les va bien a todos nos va a ir bien, ni ninguna de esas frases lindas que nos venden. Eso no es cierto, ellos pertenecen a otra clase social que tiene otros intereses y que tiene otra forma de ver el mundo. A ellos no les preocupa nuestra calidad de vida y nos miran con desprecio.
Nosotros con la chauchera cada vez más apretada y ellos con su apertura económica. Su neoliberalismo no es otra cosa que la libre circulación de sus mercancías, de su plata, de sus recetas para robarnos lo que producimos y globalizar los cinturones bien apretados.
La apertura económica significa, entre muchas cosas, la libertad absoluta de los patrones para ganar toda la plata que quieran de la forma que les de la gana. Hemos perdido derechos y se han ido bajando los pisos legales para facilitar el saqueo patronal.
Reducen sus costos y ganan más plata bajando el valor de la fuerza de trabajo. Por eso es que vemos tantos despidos, sueldos cada vez más bajos, que echan a unos viejos y contratan a otros por menos plata. Nosotros pagamos la reducción de sus costos, por eso el empleo es tan precario, inestable, inseguro, mal pagado. Le dicen flexibilidad laboral y no es otra cosa que trabajar más por menos plata y en el desamparo.
Así, una parte cada vez mayor del salario depende de bonos e incentivos, porque también nos traspasan a nosotros gran parte del riesgo de sus negocios. Ahora le dicen renta variable al sueldo porque no quieren compromisos. Tenemos que trabajar más horas para ganar menos plata. Tenemos más responsabilidades y vale menos nuestro trabajo. Cumplimos más funciones pero no sabemos cuánta plata vamos a ganar a fin de mes. ¿Si somos cada vez más productivos, por qué no mejoran nuestras condiciones de vida? Porque nos explotan en empleos cada vez más inestables y temporales.
Nosotros con la chauchera cada vez más apretada y ellos con su apertura económica.
Entonces, flexibilizar es desregular el trabajo en beneficio del patrón. Ellos exigen no tener límites. Por eso debilitan o desarman las normas legales existentes. No les gusta ninguna forma de protección legal del trabajador que signifique, desde su punto de vista, “rigidizar el trabajo”. Esta libertad es permitida, apoyada y defendida por el Estado y sus instituciones. Por eso nosotros tenemos que pararnos en la hilacha con organizaciones fuertes que les amarren las manos a los empresarios.

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